MAXIMA BELLEZA (17/10/19)
100 x 81 Acrilico sobre lienzo.
Esta obra intenta hacer reflexionar sobre la belleza
humana, otra vez... este tema da para
mucho, ha dado para mucho durante siglos en la historia del arte, y no solo del
arte, sino de la propia historia húmana. He intentado ahondar en la dicotomía
interior-exterior, belleza interna-belleza externa, belleza intelectural-
belleza fisica. Todo ello representado a traves de similes claros y metáforas
no tan evidentes, ya que por ejemplo, un
pie o una mano en huesos, no representan los típicos cánones de belleza.
La intención compositiva va siguiendo la curva armoniosa que
sale desde el cúmulo de ojos-peces en la parte superior derecha, baja a través
de las cintas-ADN azules, va recogiendo las manos, pies, corazón y vuelve a
subir con la otra cinta-ADN hasta el ojo realista de la parte superior izda.
Las cintas-ADN las he querido dar un protagónismo princpal,
por ello el color azul celeste muy luminoso utilizado, para destacarlo como
punto de partida hacia cualquier tipo de belleza. El ADN y su complejidad
siempre me ha parecido el mayor flujo de complejidad y belleza, reflejo de lo interno extrapolado a lo externo.
Aparte de este dueto interno-externo, como hilo conductor de
la obra, se puede ir poniendo el foco en distintos puntos que llevan el interés
de un sitio a otro.
Los más claros parten del esqueleto en mano y pie, a músculos
y zonas del cuerpo cubiertas ya por la piel, llegando a zonas consideradas como
culmen de la belleza, como las piernas y los pechos femeninos, el ojo azul…
También he representado la parte física en contraste con la
parte psicológica, ese corazón como parte física, metáfora de la parte
sentimental del carácter humano, goteando sobre la piel en la extremidad inferior.
Este goteo es un buen simil de esa trasmisión de un punto a otro del cuerpo, de
cualquier sentimiento, que puede dar lugar a una actuación externa física o
quedarse sin más en aquel cajón de la memoria en el que pone el cartel de “vaya
cosas que se me pasan por la cabeza”.
Al igual que los sentimientos, muchos pensamientos atraviesan ese
mismo camino, pudiendo dar lugar a una acción, buena o mala, en función de ese
flujo de información, a través del cuerpo. Como esa cruz interior verde oscura
teñida de amarillos y azules intensos, son claves de ese interior oscuro y
maligno, que todos llevamos dentro y que se expresa según como nos encontremos
emocionalmente, en hechos que sean consecuentes con esos pensamientos o pasan a ese otro cajón
de “mejor me lo pienso dos veces”.
También hay marcos dentro del cuadro, algunos simplemente de
armonía de color y peso compositivo, otros como símbolo de la manía del hombre
de clasificar y tratar de englobar cada cosa en un cajon, en un sitio para
entender el por qué de esto o aquello.
Además, pueden verse cuadros dentro del propio cuadro,
que posiblemente he englobado y tienen su propio desarrollo como el cúmulo de
ojos, que siempre me generan desasosiego por esas miradas propias y ajenas
sobre lo que soy, lo que hago, lo que somos o lo que hacemos. Son esas miradas
inquisidoras y/o de censura, que se hace uno hacia su interior y que te hace la
gente, prejuicios sobre/de mi mismo, sobre/de la gente que te rodea, y sobre/de
el mundo.
Nariz y ojos como sentidos para apreciar lo externos y
examinarlo en el interior. No aparece el oído como una oreja pero puede
apreciarse ese agujero interior amarillo en la parte inferior izquierda, que
podría simbolizar tanto el odio, como otro tipo de conexiones exterior-interior.
