viernes, 2 de noviembre de 2018

Belleza interior



Belleza interior

Oleo sobre tabla, 100 x 60 cm

Esta obra intenta hacer reflexionar sobre la belleza humana, ¿en que nos fijamos para determinar si alguien es bello o feo? ¿Solo el aspecto físico? ¿Añadimos algún otro elemento exterior para poner un filtro según que objetos, vestidos… lleve puesto?
Por otra parte, incidir en este aumento de la belleza si tiene alguno de estos “complementos” y el por qué se da ese precio exagerado a un objeto sin valor intrínseco, a no ser que se le otorgue por parte de la sociedad, como por ejemplo las joyas.

Para ello podemos ver según la mirada exterior que lo contemple, a esta mujer, la cual sabiendo de su exagerado pecho (se agranda casi a lo grotesco), se tapa parte de su cara, intuyendo bonitos ojos, para así evitar conflictos de miradas, y desvíos innecesarios, y centrarse solamente en su enormes pechos,  y desde ahí, se da pie a subir por esos escalones imaginarios y adentrarse en un mundo interior mucho más rico que cualquier belleza exterior dominada por los cliches y cánones exigidos según época. 

Toda la pintura se intenta linealizarla, es decir, afrontar cada línea continua, como si pudiéramos trazar todas ellas sin levantar el pincel del lienzo, enlazando extremidades, con cabello, con cara, con el tronco, con su vestido, con el collar y también con el sillón rojo donde se apoya. En esta amalgama de líneas cada uno que imagine lo que quiera, solo digo que tiene guiños a Dalí.
Tambien en la composición hay muchos guiños a los grandes, algo de cubismo, algo de surrealismo, algo de Cezanne, algo de Vermeer, algo de aquí y de allá... composición equilibrada en forma y en color, incluyendo la nota de la flor roja en el tocado del pelo para compensar la gran masa roja del sillón en el inferior. Además, esta pequeña flor roja, rompe también la linealidad que tiene toda la obra.

Como he dicho he dejado las líneas que marcan las distintas partes, y además he dejado el color plano en cada una de ellas, dando solo volumen al collar para otorgarle vistosidad y crear esa pequeña confusión de la joya y el valor de la superficialidad en la mujer y por ende en la sociedad. Esto entra en conflicto con lo escrito en el primer párrafo, el posible desvío de miradas, pero ello es así ya que para llegar a esa “belleza interior” se pasan tanto por la belleza exterior física de la propia mujer y la posible belleza adjudicada socialmente a las joyas, como elementos externos ajenos a cualquier personalidad, que, sin embargo, como dije,  son claves para conocer el propio carácter de cada uno.



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